domingo, 16 de septiembre de 2012
Dicen que tener un hijo te cambia la vida para siempre y que desde que llega a tu vida, ya nunca más vas a estar sola. Evidentemente, quien dijo eso pensó que los hijos eran como un vestido carísimo que siempre tendrás guardado en el armario aunque ya no te lo pongas y que sacarás de vez en cuando para presumir entre tus amistades.
Lo cierto, es que los hijos no son tuyos, sino entidades propias que piensan, sienten y actúan como a ellos les parece. Y lo único que podemos hacer es acompañarlos en todos y cada uno de los pasos que quieran dar porque ya lo decía Kalil Gibran "Tus hijos no son tus hijos, sino hijos de la vida. No vienen de ti, sino a través de ti y aunque estén contigo no te pertenecen. ".
El caso es que aunque tus hijos vivan bajo el mismo techo, les prepares la comida que les gusta, estés atenta a sus gestos, tristezas, alegrías, broncas, necesidades físicas y/o psicológicas, etc, etc, etc...eso de que nunca más estás sola suena a cuento chino. Y para muestra, un ejemplo de sábado a la noche.
"Má ¿vas al súper?¿qué cenamos hoy?¿pueden ser tacos?"
Y mamá compra los ingredientes para preparar unos riquísimo tacos a sus vástagos adolescentes. Llega la hora de cenar y los llamo para que bajen a cenar, justo en el momento en el que hijo Nº 2 pasa como una exhalación a mi lado y me dice que se había olvidado de decirme que tenía un cumpleaños y que llegaba tarde.
Bueno, vale. Teniendo en cuenta que el hijo Nº 2 hasta antes del verano casi ni salía a la calle, yo me alegro mucho que haya cambiado y ahora disfrute de esa edad tan maravillosa que solo se tiene una vez (lamentablemente).
No hay problemas, porque me quedan el hijo Nº1 y el hijo Nº3, que en cuanto huelen el guacamole, se sientan a comer, peleándose por el mando de la tele para cambiar el canal y poner el partido que hasta ese instante veían despatarrados en mi cama. En fin, que cenar con dos fanáticos del fútbol mientras ven un partido del Barça, no es precisamente una cena entretenida. En cuanto acaban de cenar y se acaba el partido, hijo Nº 1 sube a buscar su últimamente inseparable guitarra y encerrarse en su habitación mientras hijo Nº3 se ducha, se cambia, se perfuma y se va a la playa con sus ¿amigos? (iba demasiado perfumado).
Asi que, con todo el sábado por la noche por delante, yo también subí a mi habitación y con mi fantástico ebook me dispuse a rodearme de la mejor compañía que tengo últimamente: las historias.
Lo cierto, es que los hijos no son tuyos, sino entidades propias que piensan, sienten y actúan como a ellos les parece. Y lo único que podemos hacer es acompañarlos en todos y cada uno de los pasos que quieran dar porque ya lo decía Kalil Gibran "Tus hijos no son tus hijos, sino hijos de la vida. No vienen de ti, sino a través de ti y aunque estén contigo no te pertenecen. ".
El caso es que aunque tus hijos vivan bajo el mismo techo, les prepares la comida que les gusta, estés atenta a sus gestos, tristezas, alegrías, broncas, necesidades físicas y/o psicológicas, etc, etc, etc...eso de que nunca más estás sola suena a cuento chino. Y para muestra, un ejemplo de sábado a la noche.
"Má ¿vas al súper?¿qué cenamos hoy?¿pueden ser tacos?"
Y mamá compra los ingredientes para preparar unos riquísimo tacos a sus vástagos adolescentes. Llega la hora de cenar y los llamo para que bajen a cenar, justo en el momento en el que hijo Nº 2 pasa como una exhalación a mi lado y me dice que se había olvidado de decirme que tenía un cumpleaños y que llegaba tarde.
Bueno, vale. Teniendo en cuenta que el hijo Nº 2 hasta antes del verano casi ni salía a la calle, yo me alegro mucho que haya cambiado y ahora disfrute de esa edad tan maravillosa que solo se tiene una vez (lamentablemente).
No hay problemas, porque me quedan el hijo Nº1 y el hijo Nº3, que en cuanto huelen el guacamole, se sientan a comer, peleándose por el mando de la tele para cambiar el canal y poner el partido que hasta ese instante veían despatarrados en mi cama. En fin, que cenar con dos fanáticos del fútbol mientras ven un partido del Barça, no es precisamente una cena entretenida. En cuanto acaban de cenar y se acaba el partido, hijo Nº 1 sube a buscar su últimamente inseparable guitarra y encerrarse en su habitación mientras hijo Nº3 se ducha, se cambia, se perfuma y se va a la playa con sus ¿amigos? (iba demasiado perfumado).
Asi que, con todo el sábado por la noche por delante, yo también subí a mi habitación y con mi fantástico ebook me dispuse a rodearme de la mejor compañía que tengo últimamente: las historias.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

3 comentarios:
Un libro siempre es nuestro, está ahí cuando lo necesitamos y sólo hay que abrirlo para que nos envuelva con su historia. Pero sólo tiene una historia. Los hijos, sin embargo, son un cuento continuo y diferente en cada mirar. A veces son poesía, a veces sus letras son amorosas y otras parecen auténtica novela negra.
Los hijos son importantes trazos de la vida y para los ratos de sosiego, para esos, están nuestros queridos libros.
Los hijos también son nuestros y nuestra esencial tarea como padres consiste en criarlos tan suyos que puedan volar libremente cuando llegue el momento.
Y estoy en todo de acuerdo contigo: a veces son poesía y otras veces una auténtica novela negra.
Un abrazo, Juan!
solo nos queda disfrutar de los hijos,formar y fortalecer un vinculo fuerte para cuando tengan que partir no se les olvide el camino,
Publicar un comentario