viernes, 21 de septiembre de 2012
Dicen que la felicidad está al alcance de la mano. No lo sé, aunque es posible. De un tiempo a esta parte, yo tengo una cosa especial con esto de la felicidad y la verdad es que he llegado a la conclusión de que la felicidad es un trocito o muchos trocitos y momentos en la vida de cualquier persona.
Nunca somos eternamente felices, pero podemos tener infinidad de momentos felices. Depende de nosotros y de la actitud que podamos tener frente a la vida y sobre todo frente a nosotros mismos.
A base de porrazos, en éste último año he aprendido a que para ser feliz, dependo en primer lugar de mi misma, de mi actitud frente a las adversidades y de lo mucho o lo poco que me quiero.
A veces la vida te desvía un poco del camino y las circunstancias hacen que de tanto aferrarte a los demás, acabas por perderte a ti misma, pero por suerte he podido recuperarme y finalmente he (re)aprendido a quererme y a mimarme, a mirarme al espejo y (re)descubrirme y sobre todo, he (re)aprendido a gustarme sin ninguna necesidad de que nadie me diga lo que soy o cómo estoy.
Esta semana ha sido especialmente intensa. He pasado nervios, ansiedad, miedo, dolor, tristeza, alegría, rabia, frustración, amor, ilusión, decepción...
Esta semana he cerrado algunas etapas y he comenzado otras nuevas y aunque las pérdidas pueden desequilibrar la balanza, he decidido que nada ni nadie es más importante que yo misma. Y para celebrarlo, esta noche me he mimado con un relajante baño de sales, aceites aromáticos, velas y una copa de buen vino.
Porque yo lo valgo!!!
Hay algo mejor que eso?
...bueno, si. Hay cosa mejores, pero por suerte, es viernes y el fin de semana no ha hecho más que empezar.
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